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domingo, 28 de agosto de 2016

INDUSTRIAS CULTURALES ARGENTINAS


Análisis de las Industrias Culturales nacionales, qué abarcan y en qué situación se encuentran según los últimos datos que facilitó el SinCA, el MICA y distintos profesionales del ámbito.



Siendo muy clara en sus palabras la socióloga Stella Puente define a las Industrias Culturales como aquellas que intervienen en la producción de bienes y servicios culturales, es decir aquellas relativas a editoriales, música y audiovisual, implicando empresas, productores o emprendedores que intervienen en la producción de los mismos.
Las Industrias Creativas en realidad complementan y amplían el concepto de Industria Cultural sumando más actores, desde los 90, incorpora a aquellos sectores que desde la creatividad y el intelecto  aportan en el desarrollo de esta economía. Se suman entonces artes escénicas, conceptos de patrimonio, arquitectura, sectores que antes estaban por fuera del ecosistema tradicional de las Industrias Culturales concebidas como tales desde su origen.
La importancia de este sector se basa en dos características fundamentales,  primero la importancia en el impacto económico y lo social, la contribución en crecimiento en el PBI, el empleo, en lo productivo, pero por sobre todo importa el impacto simbólico que tienen, son industrias que intervienen en el imaginario social desde los productos y servicio culturales que ofrecen.
El campo de las Industrias Culturales está compuesto por grandes conglomerados, grupos transnacionales,  pequeñas empresas, pero cada vez hay más emprendedores y creativos, y esto se debe a lo digital. Aumentan los productores aunque el problema luego sea la distribución, la comercialización y como llegan a la audiencia. Por lo que es fundamental regular el campo para garantizar la sostenibilidad y la diversidad.
Es muy importante garantizar porcentajes de producción local en relación a la circulación de lo global, es decir, que los contenidos sean diversos en esa construcción de la cosmovisión de cada región. Tener políticas en el sector para garantizar lo diverso en el espacio y los accesos.
Las nuevas tecnologías marcan un nuevo paradigma, tanto para el productor como para el consumidor.  Cambia la manera en que se percibe el producto, la manera en que la audiencia se acerca y consume. Y por ende cambia  el negocio, ya que se ven afectadas las  formas de intercambio y claramente de formato.
Otro factor que presenta cambios que afectan a las Industrias Creativas es sin duda es la economía general del país,
En el Informe de coyuntura económica sobre la cultura argentina que realizó el SInCA – Sistema de Información Cultural de la Argentina- sobre el desempeño de las Industrias Creativas publicado en otoño del 2016, se perciben los siguientes datos:


SECTOR AUDIOVISUAL
El sector audiovisual  está integrado por el cine, la animación, la televisión y la publicidad.
Es el sector más fuerte de la industria cultural argentina, representando el 38,5 % del PBI cultural. Los avances tecnológicos lo han obligado a adaptarse constantemente a la hora de registrar, producir, consumir y distribuir su producto.
En nuestro país, el sector audiovisual creció un 164% entre el 2004 y el 2013, principalmente por las políticas de apoyo y fomento a la producción instrumentadas por el INCAA, y por la creación de la Ley de servicios de comunicación audiovisual, lo que posibilitó un incremento de producciones televisivas locales y la creación de nuevas pantallas.
El avance de internet, sumado a las multiplataformas, redes sociales, dispositivos de reproducción, comunicación y consumo, requiere cada vez más contenidos audiovisuales. Esto genera una gran oportunidad (demanda) para las industrias culturales que nuestro país posee y exporta.

El comercio exterior de servicios audiovisuales ascendió a 400 millones de dólares en el 2014, ubicando al país como el 4to exportador mundial. El crecimiento y la calidad de los proyectos son incesantes.
 CINE
El año 2015 marcó un hito en la industria del cine en la Argentina, ya que más de 50 millones de personas asistieron a las salas, por lo que la recaudación subió  superándose los 3.000 millones de pesos (un 53,5% más que en 2014)
La cantidad de films nacionales realizados durante 2015 creció un 5,8% con respecto al año anterior. Aunque la proporción de estrenos locales y extranjeros sigue siendo muy pareja desde los últimos años.
Y a pesar del aumento en la cantidad de films nacionales el porcentaje de recaudación y espectadores se contrajo respecto del total en comparación con 2014.
Así, en 2015 las películas nacionales obtuvieron una recaudación inferior a la de 2013.

TELEVISIÓN
Entre 2009 y 2013 se verificó un fuerte crecimiento en las exportaciones de servicios culturales, principalmente  del sector audiovisuales y, entre éstos, los vinculados a la TV.
En 2014, las exportaciones del sector se ubicaron levemente por debajo de los 300 millones de dólares, y aunque cayeron con respecto a 2013, fueron más del doble que hace diez años. 
En ese mismo año también las ventas de servicios audiovisuales al resto del mundo se contrajeron un 11,1%.

PUBLICIDAD
Según la CAAM (Cámara Argentina de Agencias de Medios), en 2015 la inversión publicitaria superó los 48.000 millones de pesos, lo que significa un crecimiento anual del 17,4% con respecto al año anterior.
El 48% de la inversión del sector se destinó a televisión; el 32%, a medios gráficos y el 20% restante, a otros medios. No obstante, datos de años anteriores permiten conjeturar que la participación del sector Internet en la pauta publicitaria supera el 15% del total.
Los recursos publicitarios asignados a televisión y otros se incrementaron un 43% y los destinados a medios gráficos, un 32% (sin contar internet)

SECTOR EDITORIAL
En Argentina el 85% de población lee habitualmente en diversos formatos: diarios, libros, revistas y pantallas.
 en estos últimos años se profundizó la concentración del sector en manos de un grupo de editoriales de origen trasnacional, cuyas veinte firmas concentran la mitad del mercado local. Además, más del 90% de esta producción se realiza en el área metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires.

De este modo, el sector editorial está compuesto por los grandes grupos editoriales, por un gran número de pequeñas y medianas empresas editoriales con una larga tradición en el mercado a las que se suman nuevas editoriales surgidas en los últimos años.

En cuanto a la distribución, cuenta con una importante red de librerías distribuidas en todo el país, donde también observamos una tendencia a la concentración en dos grandes cadenas de librerías que dificultan el desarrollo de proyectos independientes.

Durante 2015 la cantidad de ejemplares de libros impresos  disminuyó un 35,9% con respecto al año anterior.
Se imprimieron 82 millones de unidades, (en 2014 habían sido 129 millones).
En 2015 la cantidad de títulos editados fue de 28.966, un 3,4% más que en 2014; pero disminuyó en un 38% el promedio de ejemplares por título, que pasó de 4.603 en 2014 a 2.855 en 2015.
El promedio de circulación de diarios pagos mantuvo una tendencia descendente, se contrajo un 3,3%. Si bien los cuatro principales (Clarín, La Nación, La Voz del Interior y La Gaceta) se mantienen en las mismas posiciones y todos ellos registran una baja en el promedio de circulación neta, la brecha entre el más vendido y el segundo, Clarín y La Nación respectivamente, se reduce un poco cada año.
Con respecto a 2014, la cantidad de diarios en circulación se incrementó de 35 a 36 en 2015.
Si bien venía registrándose una muy leve suba en la cantidad de revistas gratuitas en circulación, en 2015, ésta se contrajo con respecto al año anterior, pasando de 30 a 28. En tanto, las revistas pagas también redujeron su cantidad, de 80 en 2014 a 79 en 2015.
Con respecto a 2014, el promedio de circulación de revistas gratuitas se incrementó un 13,4%, mientras que la circulación promedio de revistas pagas se contrajo apenas un 0,1%.


SECTOR MÚSICA
La industria de la música si bien genera un producto intangible implica muchos actores en su producción, el artista es el eje y su desarrollo profesional está ligado a : sellos discográficos (editores y distribuidores), representantes (managers), productores (bookers), técnicos de sonido (vivo o estudio) y múltiples servicios abocados a la música (diseño, comunicación, audiovisual, etc).

Los avances en la tecnología  hicieron posible que los músicos tengan  nuevas  herramienta de circulación y promoción y puedan trabajar desde la autogestión. La aparición de las redes sociales, páginas web y estudios de grabación de acceso más directo, e incluso las plataformas de financiamiento colectivo y los medios de comunicación, entre otras variables, han servido de soporte para el desarrollo, producción, difusión, promoción y comercialización de trabajos musicales.
El desarrollo tecnológico ha quebrado los modelos de negocio establecidos y el monopolio de un mercado que no ha sabido leer e interpretar los cambios de los últimos veinte años en esta industria. Actualmente las obras llegan al público ya no solamente en formato físico, sino también digital, en modalidades pagas o gratuitas.
Como respuesta y frente al complejo escenario de una carrera extremadamente competitiva, muchos artistas han decidido mantener una esencia propia, sin ajustarla a parámetros comerciales estrictos solamente en busca del rédito económico. El éxito, podría decirse, está basado en una búsqueda, individual o colectiva, sobre aquello que se quiere transmitir y, no por ello, dejar de lado la calidad ni las posibles ganancias.

En este rubro, la información que facilita el SinCa se relaciona con la música en vivo, y es notable el crecimiento  que se percibe en los shows de músicos internacionales.
Ante la falta de datos del/desde el sector, el SInCA se guió por lo publicado en internet, respecto de las funciones promocionadas, a partir de lo que se supo que los shows internacionales  del 2015 se incrementó un tercio más que en 2013 (sobre todo por un tipo de cambio atractivo para las productoras).
Y por otro lado los shows de argentinos en el exterior tuvieron mayor éxito, por ejemplo la artista Violetta realizó 145 shows , que la posicionaron en el puesto N°15 de recaudación a nivel internacional (con 76,8 millones de dólares).


ARTES ESCENICAS
En la Argentina este sector muestra un fuerte desarrollo,  actualmente  cuenta con aproximadamente 1100 salas distribuidas en todo el territorio, aunque observamos una marcada concentración en el área metropolitana de Buenos Aires, Mar del Plata, costa atlántica y la provincia de Córdoba.
Las artes escénicas se componen por el teatro en todos sus géneros: la danza, el teatro danza, el teatro de títeres y objetos, la performance, la comedia musical, la ópera y sus géneros. Cada una de estas disciplinas muestra particularidades regionales y locales, conformando un mapa de enorme diversidad.
Este sector enfrentan al desafío de hacerse visibles no solo como un actor protagónico en la construcción simbólica de nuestra cultura, sino como un importante sector económico generador de trabajo directo e indirecto. El arte escénico es complejo, no tiene capacidad de almacenamiento, es necesariamente en vivo y su circulación es distinta a la de los productos musicales, editoriales o audiovisuales. Las obras pasan, son efímeras, las giras tienen un tiempo de duración. En cierto sentido es un arte mucho más ligado a la producción que a la reproducción y esto marca una diferencia respecto a otras industrias culturales, sobre todo en su consumo y divulgación.
En 2015, estos teatros recibieron 4.687.774 espectadores en 13.884 funciones, lo que arroja un promedio de 338 espectadores por función. Si bien la cantidad de espectadores disminuyó en alrededor de 100.000 frente al 2014, las funciones aumentaron en casi 1.000. Esto implica una consolidación en la cantidad de espectadores anuales, ya que desde el año 2010 se posicionaron siempre por sobre los cuatro millones y medio (el pico se produjo en 2011 con 5,1 millones).
La relación entre la concentración de espectadores y la disponibilidad de salas y oferta de espectáculos se verifica  por la gran cantidad de espectadores por función registrada en las localidades del interior del país, circunstancia que da cuenta de una demanda insatisfecha.
Además, los datos permiten apreciar una asociación positiva entre la cantidad de funciones y de espectadores; es decir que toda vez que aumentaron las funciones, lo hizo también la cantidad de asistentes.

(Este análisis está basado en los datos del Complejo Teatral de Buenos Aires (Teatros Colón, General San Martín, Presidente Alvear, Regio, Sarmiento y De la Ribera) y del Teatro Nacional Cervantes, y con los datos de AADET.)



PATRIMONIO Y MUSEOS
El patrimonio de una región es sin duda su identidad, su historia, el retrato más fiel de su trayectoria y permanencia. Mantener el patrimonio, tangible (Como los edificios) y el intangible (Como  las tradiciones y costumbres) es deber del Estado y de los ciudadanos.
Respecto a las Industrias Culturales, ellas son “causa y consecuencia” podría decirse de la propia cultura del lugar, porque se crean a partir de lo que se vive en la comunidad y a la vez siguen resignificando y construyendo significados y significantes. El patrimonio es un documento histórico, vivo, que debe ser habitado en la medida que pueda usarse y protegerse.
Es así como para su mantenimiento pueden formar parte de museos, o mismo forman parte de atractivos turísticos más grandes, conformando circuitos urbanos o naturales.
Durante el 2015 los museos dependientes del Ministerio de Cultura convocaron más de 1.500.000 visitantes. Según datos proporcionados por el Ministerio de Cultura, en 2015 se otorgaron 466 licencias de exportación de obras de arte para exposición, con lo que se llegó a un máximo de la serie. Cada licencia responde a una solicitud y puede otorgarse para exportar varias obras de arte; en este caso, las 466 licencias permitieron que alrededor de 4.000 obras de arte emigraran temporalmente para participar de muestras o exposiciones, lo que representó un aumento del 30% respecto al año anterior.
En cambio, la cantidad y los montos registrados por obras de arte vendidas al exterior experimentaron un descenso en 2015. De 350 licencias de venta expedidas en 2014, se pasó a 253 en 2015, lo que, en términos monetarios, equivale $15.830.322 y $10.301.739, respectivamente

Es notable, como vemos, que el impacto de las nuevas tecnologías modifica el acceso, la difusión, a producción y la percepción de los bienes y servicios culturales, pero que este cambio resulta positivo, ya que se percibe un crecimiento en todos los sectores de las industrias creativas.

En líneas generales:
  • el cine recuperó su poder de convocatoria y creció la cantidad de films nacionales realizados;
  • se imprimieron menos libros pero más títulos que en 2014;
  • bajó la circulación neta diaria de diarios pagos;
  • creció la circulación promedio de revistas gratuitas y disminuyó la de revistas pagas;
  • el total de shows internacionales representó un tercio más que en 2013;
  • casi la mitad de la inversión publicitaria se destinó a la televisión.


El dinamismo que tomó el sector  significa un 3% del PBI total del país. Un amplio aporte, que según las cuentas del MERCADO DE INDUSTRIAS CULTURALES ARGENTINAS (MICA)  implican $100.000 millones anuales en producción y 500.000 puestos de trabajo.
Actualidad muy favorable que ojalá siga desarrollándose en el tiempo, con el énfasis en los agentes locales, pero claro que el rol fundamental lo debe ocupar el Estado fomentando y trabajando para garantizar mayores y mejores oportunidades a los productores del sector cultural local, proponiendo y estableciendo políticas que fortalezcan el intercambio regional e internacional valorando por sobre todas las particularidades la diversidad de contenidos, que contribuya a desplegar y conformar una industria con mayor alcance para que el público sea el mayor posible.
Es necesario lograr tener un mercado nacional competente hacia el exterior, diverso y basto hacia el interior, dando chance a la multiplicidad de expresiones, identidades y estéticas culturales que presenta nuestro país. Siendo el ideal que en el consumo interno prevalezca la calidad y la cantidad de producción argentina contribuyendo a reforzar los valores sociales, de unidad y respeto, y  un imaginario social de legitimidad a la industria nacional.

 Como CONCLUSIÓN puede notarse el impacto positivo en todas y cada una de las áreas de las Industrias Culturales, que se proclaman en constante crecimiento. Habrá que ver como impactan las constantes crisis ciclicas que afronta cada (aproximadamente) 10 años el país. Y en que medida la elasticidad de los bienes y servicios culturales se adecua  a los altibajos económicos.






FUENTES:
  • ·         Informe de coyuntura económica sobre la cultura argentina SInCA – Sistema de Información Cultural de la Argentina / Año 8 Nro. 15 – Otoño 2016
http://www.sinca.gob.ar/sic/estadisticas/csc/index.php

  • ·         Página del MICA
https://mica.cultura.gob.ar/


  •     Entrevista a Stella Puente por Emprende Cultura
·         http://emprendecultura.net/2014/10/stella-puente-de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-industrias-culturales/


  • ·         Nota de Télam en diálogo con Natalia Calcagno
http://www.telam.com.ar/notas/201506/108747-la-industria-cultural-alcanzo-una-produccion-record-de-70000-millones-de-pesos-equivalente-a-casi-3-del-pib.html

lunes, 11 de enero de 2016

Tradiciones históricas contra Costumbres modernas... ¿Lali en Jesús María?

El folklore es, desde su etimología, el saber y el conocimiento del pueblo, es la manifestación de la cultura en todas sus formas de expresión, arte, artesanía, comidas, mitos y leyendas, costumbres, tradiciones, la música y la danza.

Arraigado a las costumbres más tradicionalistas del folklore argentino, cada enero se celebra el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, que este año llega a su edición número 51.
Esta celebración tiene su origen en 1965, cuando un grupo de pueblerinos cordobeses crean la Sociedad de Cooperadoras Escolares de Jesús María y Colonia Caroya, con el fin de gestionar un evento que permita reunir fondos para la educación, teniendo como pilares la tradición, el amor a la tierra y la cultura popular se organizó desde aquel entonces hasta hoy el festival, claro que siempre creciendo y ampliando su grilla correspondiendo a la ampliación de su público. Es con lo recaudado en estas celebraciones como se realiza una constante e importante colaboración a las escuelas, aportando comidas, útiles, libros, material pedagógico, gabinetes informáticos, salones multiuso, gimnasios cubiertos, baños dignos, perímetros cercados, aulas para cada uno de sus grados con amplias paredes con revoques pintados, laboratorios de especialidades, bibliotecas, veredas de material y hasta agua corriente para una escuela rural.
Típicamente en este evento el escenario es lugar de música tradicional del folclore argentino, y acá empieza quizá a existir la polémica en cuestión.
Si definimos folclore como el saber y hacer del pueblo, es decir, su cultura, ¿con qué criterio decimos qué es folclore y qué no? . Lo sencillo en este caso es que el festival es de Doma y Folclore, y eso ya nos enmarca en tradiciones que tienen que ver con un seno argentino de relación con el campo, con los animales, con el coraje del gaucho. Implica conocer acerca de las jineteadas, que en el caso del Jesús María se da en tres diferentes instancias según las condiciones que tenga el jinete, los elementos que puede usar y como se presente el bagual (caballo sin domar), que varían en Crina limpia, Grupo sureña y Bastos con encimera sin boleadoras.
La jineteada mantiene vigente el homenaje a una cultura viva en el interior del país, es parte de la conservación del patrimonio intangible, porque colabora con la perduración de eso  tan típico que a la vez es tan lejano para los que no vivimos en el campo, y ese cúmulo de tradiciones que son la fiel identidad del paisano y del paisaje y tienen relación con lo que comúnmente denominamos folclore, evocando a chacareras, zambas, chamamé, carnavalitos, pericón, vidalas, chayas, gatos o cuecas. Cada uno con sus ritmos e instrumentos propios, característicos de cada región. Sin embargo, todas ellas fueron permeables a las influencias de regiones vecinas o de países limítrofes.
¿Pero eso solo es folclore?  el tango, la cumbia, el rock nacional, el cuarteto, y otros ritmos, ¿no lo son también?
Lo que sucede es que para hablar de la historia del folklore argentino se parte de tres hitos la colonización española y la inmigración africana forzada por el tráfico de esclavos durante la dominación española (siglos XVI-XVIII); y las olas de inmigrantes, primero la  europeos (1880-1940) y  la gran migración interna (1930-1980). Siendo esta manera una manera hibrida de conformar el Estado Nación, que arroja resultados híbridos y particulares en la creación de la cultura argentina.
Lo que se reconoce históricamente como folclore son esos (primeros) estilos de música, asociados con letras a los paisajes rurales, a la cotidianeidad de la vida en el campo, al trabajo con los animales y la tierra. De hecho es común encontrar en las payadas o en las milongas camperas referencias a los caballos, a la flora o la fauna del lugar. Lo importante para destacar como característica de todos estos géneros tradicionales es que transmiten lo local de una manera muy personal, arraigada a la forma de vida y sobre todo a la historia que forja la cultura.

En el Festival de Doma y Folclore de Jesús María, los artistas que suelen frecuentar el escenario son los que cumplen con esa condición, como por ejemplo Los Cuatro de Córdoba, Duo Coplanacu, Los Tekis, El Chaqueño, La Sole, Los Yupanquis, Pastor Luna, Los Manseros Santiagueños, Los Nocheros, Los Alonsitos, Jorge Rojas, y figuras reconocidas en el ambiente.

Es válida la pregunta sobre el nacionalismo o el tradicionalismo acerca de estos shows, ante  la tendencia a valorar la tradición en cuanto conjunto de normas y costumbres heredadas del pasado, por el simple de hecho de mantenerlas para que perduren inamovibles en el tiempo, a la vez que cabe reconocer la perdurabilidad de las costumbres, trascendiendo como legado y conformando el patrimonio cultural nacional.

Este año, la organización del festival decidió cerrar el evento con la presencia de la artista pop Lali Espósito, y fue un claro punto de discusión.
¿es Lali Espósito representante del folclore argentino? Sí. Porque mueve muchísima cantidad de gente, llena teatros con su obra (adaptación de la telenovela que protagoniza en la tv) y también llena teatros con su música popera de bajo contenido. Es una artista masiva, aunque no popular, porque el público que la sigue es mayoritariamente adolescente de los que suelen relacionarse con modas y no con referentes
Pero… ¿es Lali Espósito representante del folclore tradicional argentino? No. ¿Tiene relación alguna su música con las domas? No. Y por eso su presencia en un festival que desde que empezó hasta este año mantuvo una línea de ética y estética (ligada a las tradiciones camperas que nombraba antes), llama la atención y despierta duras críticas.
Por qué entonces el festival se volvió vulnerable ante la oportunidad de contratar un artista del momento que asegura llevar miles de espectadores. Se ve muy claro el negocio. Aunque tampoco debemos caer en la ingenuidad y pensar que solo porque esta vez la polémica es con una artista de otro género no hubo intereses económicos de fondo, con tan solo pensar en el caché de cada artista. Pero claro, no olvidemos que el fin del evento es solidario.
Entonces ¿qué vale más? Por un lado mantener una tradición cultural, brindando un evento para visibilizar y celebrar la cultura esencialmente criolla, respetando las costumbres y manteniendo una línea, que sobre todo marca también la identidad del espectáculo, y por otro lado pensar en que artista convoca más público y contratarlo para aumentar el público, por más que eso implique ampliar los horizontes del festival y crear una masa espectadora tan amplia como hibrida.

Varios medios de comunicación levantaron la noticia con cierto tono de agresión a Lali Espósito desde el público que frecuenta el festival, proclamándose en su contra.
En las redes sociales se compartieron imágenes en contra de la presencia de esta artista,  y trascendía como un simple rechazo generalizado.
El grupo Folclore Nomás, pudo expresar claramente la postura que se toma, dando explicaciones suficientes
 No estamos en contra de Lali (género musical: pop) sino de que no es coherente su presencia en un Festival tradicional de "DOMA Y FOLCLORE" en el cual se debería priorizar el fomento de nuestra música autóctona ante los más jóvenes.
- El Festival termina el día lunes 18 como dice la grilla de programación y por eso se "vende" el Festival con los artistas hasta ese día, No existe un Festival hasta el domingo y el lunes empieza otro, como algunos ilógicamente suponen. Si antes se presentaban conjuntos de cuarteto en la última noche es aceptable porque son parte de la cultura cordobesa, tierra donde se hace el festival.
- Si la presencia de Lali, Marama y demás el día lunes 18 esta pensado como una noche extra con fines benéficos, lo cual apoyamos y destacamos enormemente, también se puede hacer dicha noche con artistas del género folclore que convoquen o hacer un evento posterior con otro nombre pero no dentro del Festival de DOMA Y FOLCLORE, vamos de nuevo FOL CLO RE” (cita textual de un comunicado de Facebook)

Dejando en evidencia que se intenta defender un show cultural por encima de mercado de las industrias culturales, y este el segundo punto de inflexión en el tema.
Primero entender que es el folclore tradicional y por qué afecta la presencia de artistas como Lali o la banda de cumbia-pop uruguaya Marama (convocada para el mismo día),y el segundo es tratar de visualizar donde un espacio cultural popular se convierte en un mercado cultural que comienza a guiarse por la rentabilidad por sobre la identidad del producto. De manera que una festividad con gran convocatoria e identidad afirmada en un pueblo pierde su estable vínculo por intentar captar otros/nuevos públicos bajo un solo lema de oferta-demanda guiado por industrias culturales que lejos están de mantener vivas las esenciales tradiciones argentinas.

La diferencia entre cultura de masas y cultura popular, es que la primera está signada por un mercado capitalista cambiante y cosmopolita, que pierde identidad local para ganar un insulso sentido de pertenencia global en contraposición con la cultura popular que es la manifestación de un pueblo que expresa desde su espacio su cosmovisión y sus costumbres.
Sin ánimos de criticar negativamente el producto en fin que es Lali Espósito, la identifico con una cultura de masas, que no profundiza en un mensaje natural, que se vende por las pantallas y que nada tiene que ver con un festival de Doma (tampoco quiero hacer un juicio sobre las domas mismas), todo tendrá su razón de ser y su lugar, la cuestión es hasta donde se puede querer “innovar” en un espacio que hace 51 años responde a una misma lógica, la cual este año vuelve a mantener hasta el último día en que deciden coronan la festividad un género atípico en este particular escenario.

Sin duda es un tema que permite tantas lecturas como interpretaciones, aunque la que más ruido hace sea la de ver como cada espacio, por más que intente ser tradicionalista, se quiebra ante nuevos consumos de masa o por la simple e inminente lógica económica. Sobre todo si pensamos que en el 2000 quien cerraba semejante show era nada menos que Mercedes Sosa… cabe en cada uno pensar cómo se llegó a contratar para lo mismo a Lali.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La relación Cultura-Estado-Sociedad desde los 90 hasta hoy en Argentina



El presente trabajo fue presentado para la aprobación de la materia Estado y Sociedad, de la Tecnicatura Superior en Gestión Cultural.
 Realizado de manera conjunta con la artista plástica Belén Carzolio


La relación Cultura-Estado-Sociedad desde los 90 hasta hoy en Argentina

Considerando la historia como un proceso dinámico, motorizado por distintas fuerzas (una dominante y otra dominada) que entran en conflicto, en el siguiente trabajo nos proponemos, analizar el proceso socio-cultural que ha atravesado la Argentina desde los años 90 hasta la actualidad. En qué medida las políticas estatales afectaron las estructuras socio-culturales y cómo las mismas lograron abrirse caminos buscando alternativas de resistencia, que terminaron produciendo un vuelco del Estado en favor de las expresiones populares, para poder sostener las instituciones.
            Según palabras de Ana Wortman, durante la década del 90 se pudo observar una pérdida de entidades colectivas fuertes, sobre todo en la política y en el mundo del trabajo. Este fenómeno se vio acompañado de la emergencia de nuevos universos simbólicos y nuevos modos de forjar las trayectorias sociales. Se estableció un imaginario social donde la individualidad y la flexibilidad de adaptarse a nuevos escenarios sin profundizar demasiado, así como el éxito económico se convirtieron  en pilares culturales dominantes.
El neoliberalismo no captó los intereses culturales de los grupos subalternos, ni de los intereses de la cultura de masas. Las políticas implementadas durante el menemismo, como la dolarización y la privatización de empresas estatales, fueron respaldadas por políticas culturales que fomentaban la globalización y el intercambio desigual con otras culturas. Se impone una cultura de consumo abierta a nuevas formas, que intentan fusionarse con la autóctona. Cabe señalar que históricamente, la Argentina, ha sido una tierra cosmopolita, cuya cultura es tan amplia como diversa a lo largo y ancho del territorio. Sin embargo, la característica principal de los 90 fue la adquisición de costumbres y formas de comportamiento de culturas hegemónicas de los países del llamado primer mundo de manera acrítica e irreflexiva, por gran cantidad de la población, en especial las clases medias, a través de la influencia de los medios masivos de comunicación. El auge de la televisión por cable abrió el abanico a grandes cadenas internacionales que presentaron sus programaciones disponibles las 24 hs. del día. La cultura hegemónica se colaba en la vida cotidiana sin esfuerzo, desde el sillón de los hogares argentinos.
Por otro lado, es notable el abandono de escuelas públicas por parte de los gobiernos de los 90, sumado a las privatizaciones, que dejaban varios trabajadores sin empleo. Es así que se puede ver un quiebre en la identidad Argentina por el cambio de su dinámica cultural al recibir tantos golpes. Escuelas deficientes, desempleo y gran consumo de productos extranjeros empiezan a ser los ingredientes de la nueva cultura, que indudablemente el mismo gobierno fomenta con su “no accionar”.
En este nuevo entramado social, se reorganizan las clases sociales, con lo que llamamos “nuevos pobres”, constituidos por una antigua clase media empobrecida y venida a menos; y en contraposición, una nueva clase media, aburguesada, con nuevas formas de consumo, que se erigen como modelo cultural hacia el resto de la sociedad.
El neoliberalismo abre las puertas del país a cualquier tipo de producto extranjero, pero el perfil que se mantiene en las clases altas de la sociedad sigue persiguiendo la tendencia norteamericana sin abandonar la dependencia a las grandes potencias europeas. El valor de la cultura sigue siendo para un vasto grupo social, un concepto relacionado a lo estético ordenado con los valores clásicos (asociados a las antiguas burguesías del s.XIX).
En Argentina, el acceso a los bienes culturales constituye la formación ciudadana, que recíprocamente define a las distintas clases sociales y se define en ellas.
A fines de los 90, algunos sectores sociales comenzaron a identificarse con el imaginario cultural de resistencia y con mayor visibilidad a partir de la crisis financiera del  2001, que puso de relieve el fracaso de las políticas de convertibilidad. Para contrarrestar la fuga de capitales, el ministro de economía Domingo Felipe Cavallo introdujo restricciones a la extracción de depósitos cambiarios. El llamado “Corralito” produjo indignación en las clases medias que perdieron sus ahorros y tuvieron que empezar de nuevo, generando también una gran crisis política e institucional. La reacción popular fue masiva, y el 19 y 20 de diciembre de ese año, la gente salió a las calles en protestas multitudinarias, entre saqueos y cacerolazos, se decretó el estado de sitio y el presidente Fernando De la Rúa renunció a su cargo.
En este contexto, comienzan a surgir pequeños movimientos sociales que poco a poco adquieren mayor visibilidad, cooperativas de trabajo, asociaciones civiles, y agentes de cultura comunitaria, que se constituyen como nuevos espacios de participación social autogestionada. Éstos promueven diferentes estrategias que refuerzan el vínculo social y buscan revalorizar el capital cultural acumulado.
La sociedad organizada empieza a ocupar el espacio público, a través de nuevas y novedosas prácticas culturales. Wortman, define a la forma de organización de estos nuevos centros como empresas sociales, ya que se trata de organizaciones horizontales, sin jerarquías, que muchas veces funcionan como cooperativas de trabajo.
Podemos observar que si el paradigma de los 90 era el individualismo y la acumulación de capital, en los años posteriores a la crisis este da un giro hacia la cooperación para salir adelante, la solidaridad y el trabajo en equipo. Es decir que,  muchas veces, ante los problemas  económicos que enfrenta una nación,  los capitales culturales se resignifican y abren nuevas soluciones para enfrentar la crisis.Es notable como la cultura argentina siempre estuvo permeada por la politica, a la vez que la politica siempre penetra en la cultura determinando sus formas.
También surge, a través de la experiencia colectiva, el intercambio cultural. Las agrupaciones barriales, invitan a la participación de diferentes sectores sociales, y se encuentran también con el arribo a los centros urbanos de personas del interior del país y de países limítrofes a la búsqueda de una mejor calidad de vida en la ciudad.
Estos nuevos fenómenos, se podrían corresponder con el concepto de fuerzas instituyentes de Pierre Bourdieu, ya que intentan romper con estructuras de la tradición dominante. Los acontecimientos socio-históricos hacen que los habitus de la clase media entren en crisis, ya que los actos y pensamientos que antes los identificaban comienzan a desmoronarse. Es así que estas nuevas fuerzas entrarán en conflicto con las institucionalizadas, que pretenden preservar el campo de poder.
Cora Escolar, define al poder legítimo como el que le corresponde a una forma de organización económico-social dominante, que establece la organización de la realidad social, y es en sí misma una organización de relaciones de poder, ya que distribuye la organización jerárquicamente. Este grupo dominante - en este caso el grupo dirigente del Neoliberalismo y las clases altas - comprende lo instituido, ya que la institución permite la identificación de sus miembros con ciertos objetivos o metas - en este caso el interés económico por sobre el interés social -, y este mecanismo oculta en sí mismo una distribución desigual del poder.
Para que una fuerza o poder sea institución, debe ser legitimada por el resto de la sociedad. Se trata de un reconocimiento que se establece entre las dos partes que no tiene que ver con estar de acuerdo, la institución no es un ente aparte, tiene relación con lo social, de hecho lo social lo define, lo constituye.
En esta instancia representa lo instituyente la creciente organización social, la resignificación de la cultura y el resultado híbrido de los múltiples productos y consumos culturales que mezclan lo nacional y lo extranjero.
Lo instituyente surge a partir de lo instituido, ya que donde hay poder (desigual) hay resistencia. En este momento histórico de la sociedad argentina, la fuerza instituyente es aquella que alcanza un poder organizativo que le permite modificar lo instituido, a través de varios procesos sociales, aunque sin estar instituida.
   La cultura esta en constante movimiento, se redefine en relación a los aspectos políticos, económicos y sociales de cada época. A partir de los 90 y hasta comienzos del 2000, las clases medias bajas y las clases bajas van a generar una nueva tendencia que tiene que ver con la creación de una identidad propia, colectivos de artistas y/o trabajadores en busca de un objetivo común, en contraposición a lo instituido y sus bases de desempleo y desintegración social. Sin embargo, la clase media alta emergente encuentra su máxima expresión de cultura en viajes al exterior y un estilo de vida de opulencia guiado por tendencias norteamericanas (por ejemplo viajes a disney, o compra de productos extranjeros - gracias a la devaluación de la moneda, y la política del “uno a uno”).
Respecto al Estado, representado en la forma institucional de los gobiernos de turno, identificados con el Neoliberalismo, notablemente se puede ver una tendencia economicista en favor del intercambio y el enriquecimiento de la clase dominante a costa del vaciamiento  de las instituciones nacionales (empresas, escuelas, y hasta la identidad y cultura misma).
En los años recientes, podemos ver que estos espacios culturales nacidos desde el interior de la sociedad han logrado mantenerse y posicionarse como pilares de la escena cultural argentina. Son el ejemplo de una cultura popular viva, que respira, que avanza, que se resignifica, en contraste con muchas instituciones culturales estatales que parecen depósitos de obras de arte muertas.
Muchas veces notamos que, el Estado, viendo la gran repercusión que tienen estos nuevos centros culturales autogestionados, intenta involucrarse en los mismos a través de subsidios o ayudas económicas.  Si bien es importante que las instituciones públicas apoyen y fomenten las actividades culturales, nos cuestionamos si al intervenir en proyectos que nacieron como propuestas independientes desde el seno de la comunidad, no están en realidad intentando institucionalizar un fenómeno que surge originalmente como una alternativa a lo instituido.
Considerando evidente la imposibilidad de gobernar en nombre de una sola clase, el Estado tiene la necesidad de incorporar intereses de clases subalternas, como también intereses interclasistas, nacionales e internacionales.
Las clases subalternas, en este caso referidas a los espacios autogestivos de la cultura, ejercen formas de lucha que han penetrado los aparatos estatales.
Desde Gramsci, podemos hacer una lectura del consenso, en relación a que determinado grupo social logra articular bajo su dirección a otros grupos sociales mediante la construcción de la voluntad colectiva, en la cual se traducen sus intereses corporativos (un poco sacrificados) en intereses universales. Dentro del terreno de las representaciones simbólicas, es donde actúa la ideología, pero el símbolo esta presente en cualquier espacio social (comunicaciones, vestimenta, usos y costumbres, etc).
El poder hegemónico se logra cuando los intereses de los grupos subalternos pueden ser naturalizados, evitando el desarrollo de sus reivindicaciones específicas (transformismo) o bien, ser articulados, promoviendo su total expansión hasta la solución final de las contradicciones que expresan.
En una sociedad de clases, la acción hegemónica está limitada por los intereses históricos de las clases dominantes. En el caso particular de la historia argentina, podemos dilucidar, que los intereses de las clases dominantes siempre estuvieron lejos de ser la representación de la mayoría popular, aunque se crea lo contrario a grandes rasgos. Proponer, por ejemplo,  una fecha patria para la realización de un acto de masiva convocatoria en una plaza o en una calle particular, no está respondiendo a la necesidad del pueblo de venerar esa fecha con datos históricos y orgullo, sino que responde a la misma campaña política de (auto)legitimar sus decisiones y convocar gente (dejando de lado el día festivo), con el fin de que haya un mensaje de unidad popular. Un artista de renombre, en un escenario inmenso cortando una calle, no une a la masa, solo la junta. En el cotidiano social la fragmentación sigue existiendo así como seguirá existiendo la lucha por la hegemonía.
Esta lucha se manifiesta -en el interior de las instituciones- como la lucha de lo instituyente (la negatividad) frente a lo instituido. En lo instituyente se inscriben todas las luchas de aquellos grupos que pugnan por ganar espacios en el terreno político, y que para ello, adoptan formas organizacionales visibles hasta convertirse en fuerzas sociales, es su enfrentamiento a lo instituido, al orden social imperante.
En estos actos políticos que nombramos, se enarbola una representación de la cultura que intenta igualar la identificación popular en general con un artista nacional muy conocido. El gasto que se realiza en cuanto a lo financiero es bastante alto y de la fecha en si no se rescata la esencia. Si el interés de los grupos hegemónicos fuera el de representar la cultura popular, se deberían tener en cuenta entonces todos los centros y proyectos culturales de cada sector de la sociedad, que cotidianamente construye el imaginario social, representa la cultura de los barrios o pueblos y son gestantes de artistas y cultura (símbolos, identificaciones, trabajo, hábitos).

Cuando establecemos el recorrido de los 90 hasta la actualidad, vemos una institución (Estado) que regía sus normas a través de políticas económicas sin reparar en otros aspectos importantes para el país, por lo que las clases más bajas no encontraron identificación ni amparo y se constituyeron como las fuerzas instituyentes en busca de poder  suplir las carencias estatales.
                En la actualidad, nos encontramos con las mismas fuerzas instituyentes, que son los grupos subalternos o minorías, creadoras de su propia identidad y simbolismos, gestantes de cultura, que cuentan con la experiencia de otros proyectos similares que se vienen dando desde los 90 hasta el día de hoy. Puede verse el crecimiento y la estabilidad de la fuerza instituyente, ya que sigue existiendo la misma demanda cultural, que el Estado no suple, y ante esta necesidad y con la posibilidad de realizarlo, los diferentes grupos crean sus propios medios para alcanzar las metas deseadas. Esta fuerza instituyente es la creadora de espacios para que circule la nueva cultura, y su crecimiento se debe a la postura al respecto de la fuerza de lo instituido.
Lo instituido creó conceptos de cultura popular, asociados a determinados cánones, a determinadas formas que hacen creer que algo masivo es popular en cuanto pueda verse representado, por ejemplo como sosteníamos antes, en un acto en una plaza. Pero lo instituyente es popular, es masivo, y su crecimiento depende de su condición por fuera de la institución,  del circuito “oficial”. No surge como contraposición, sino que crea en base a sus necesidades, que,  hasta la actualidad, fueron tantas que la fuerza instituyente las captó y se consolidó muy firmemente. En cuanto a lo cualitativo y hasta en aspectos cuantitativos la fuerza instituyente iguala o supera a la fuerza de lo instituido en lo que respecta a la cultura.
Los 90 fueron el inicio de este proceso de construcción cultural en los barrios, en las villas, en los centros culturales autogestivos, en los colectivos de artistas, en las ferias de artesanos, y en las múltiples formas de hacer y crear cultura que tiene un pueblo.
Respecto a la función del aparato estatal, como conclusión, creemos que siempre que incida en la cultura será con un fin político determinado por los intereses de las clases dominantes, que la verdadera identidad de la cultura se expresa fielmente en las representaciones cotidianas y en las organizaciones sociales que crean sus propios medios para su fin. No creemos que sea de manera independiente, ya que entendemos a las fuerzas instituidas e instituyentes como conceptos imposibles de disociar, y que se definen mutuamente, pero en relación a la cultura, es la herramienta de la política en lo instituido en tanto es la forma de vida de lo instituyente.



Bibliografía

Campo de poder, campo intelectual. Bourdieu, Pierre, Montressor,Jungla Simbólica, 2002.
Entre la política y la gestión de la cultura y del Arte. Nuevos actores en la argentina contemporánea. Wortman, Ana, Bs. As., Eudeba, 2009.
Topografías de la investigación, métodos, espacios y prácticas profesionales. Escolar, Cora, Bs. As., Endeba. 2000.