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viernes, 9 de septiembre de 2016

Conservación y Revitalización de Patrimonios Urbanos

El presente trabajo de investigación tiene como objetivo la lectura, interpretación e investigación sobre la Carta Internacional para la conservación de ciudades históricas y áreas urbanas históricas, (WASHINGTON 1987)



La carta de Washington refiere a los núcleos urbanos de carácter histórico, grandes o pequeños, comprende todo tipo de poblaciones (ciudades, villas, pueblos, etc.) y, más concretamente, los cascos, centros, barrios, barriadas, arrabales, u otras zonas que posean dicho carácter, con su entorno natural o hecho por el hombre.
 Más allá de su utilidad como documentos históricos, los referidos núcleos son expresión de los valores de las civilizaciones urbanas tradicionales. Actualmente se hallan amenazados por la degradación, el deterioro y, a veces, por la destrucción provocada por una forma de desarrollo urbano surgida de la era industrial que afecta a todas las sociedades.

El objetivo del documento  es definir los principios, objetivos, métodos e instrumentos de actuación apropiados para conservar la calidad de las poblaciones y áreas urbanas históricas y favorecer la armonía entre la vida individual y colectiva en las mismas, perpetuando el conjunto de los bienes que, por modestos que sean, constituyen la memoria de la humanidad.

Sus objetivos se basan en la conservación de los espacios urbanos históricos en relación a una eficacia dada por la integración coherente al desarrollo socio-económico actual del contexto, y también al planeamiento territorial y urbanístico.
Lo que se intenta conservar está ligado a los valores de carácter histórico de la población o del área urbana incluyendo elementos materiales y espirituales que determinan su imagen.
Para lograr el objetivo se propone la participación y el compromiso de los habitantes como factor determinante, ya que a ellos concierne la conservación. Las intervenciones en las poblaciones y áreas urbanas históricas deben realizarse con prudencia, método y rigor, evitando dogmatismos y atendiendo a la particularidad de cada caso.
El plan de conservación debe comprender un análisis de datos, particularmente arqueológicos, históricos, arquitectónicos, técnicos, sociológicos y económicos, realizados por estudios multidisciplinares, para poder definir la principal orientación y modalidad de las acciones que han de llevarse a cabo en el plano jurídico, administrativo y financiero. Su intención final es lograr una relación armónica entre el área urbana histórica y el conjunto de la población.
Y como ya se dijo que la población es un factor determinante, el plan para ser aplicado debe contar con la adhesión de los habitantes.
Esta carta tiene como antecedentes y complementos, la carta de Venecia de 1964 y la de Nairobi en 1976.
La primera es la Carta Internacional sobre la
Conservación y la Restauración de Monumentos y de Conjuntos Histórico-Artísticos, que tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y a los documentos auténticos.
Mientras que la segunda es la
Recomendación relativa a la Salvaguardia de los Conjuntos Históricos o Tradicionales y su Función en la Vida Contemporánea, que considera que los conjuntos históricos forman parte del medio cotidiano de los seres humanos en todos los países, que constituyen la presencia viva del pasado que los ha plasmado y que garantizan al marco de vida la variedad necesaria para responder a la diversidad de la sociedad y que, por ello mismo, adquieren una dimensión y un valor humano suplementarios, y por ende propone la activa de protección y reanimación de los conjuntos históricos y de su medio, en el marco de la planificación nacional, regional o local.
A partir de la bibliografía consultada y de la asistencia a las VII Jornadas Internacionales de Experiencias de Revitalización de Cascos Históricos (septiembre de 2015) y las III Jornadas Latinoamericanas de Patrimonio y Desarrollo (abril 2016) planteo la siguiente reflexión acerca de la importancia de la revitalización de los espacios históricos que se ubican dentro de las urbanizaciones actuales.

Como principal disparador ante las temáticas de conservación y restauración de ciudades y áreas históricas, es a qué espacios podemos definir bajo estos conceptos, cual es el patrimonio que se debe conservar.
En primer instancia para ello hay que entender a la ciudad y a las construcciones urbanas como artefactos culturales construidos por las personas que la habitan. Son el escenario de la innovación en lo establecido. Son el espacio de vitalidad, de inversión social y económica. Y dentro de ellas, los Cascos Históricos conforman el área donde se condensa su memoria.
Las ciudades son dinámicas, a lo largo de la historia crecen y cambian su economía según el contexto y por ello cabe el análisis de la conservación de determinados usos, costumbres, edificios, monumentos, etc.

El espacio urbano es un proceso, evoluciona con acciones constructivas y destructivas, que generan valor físico (territorial) y valor socio-cultural, con sus propios significantes. Todo lo que sucede en un tiempo y un espacio determinado converge en este proceso.

Los espacios urbanos históricos son espacios con alto significado institucional, patrimonial, arquitectónico, social, arqueológico y claramente histórico. Constituyen una unidad cultural y urbanística que ante el desarrollo continuo permanecen con cierto carácter singular dentro de las ciudades.
Al estar inmersos en la vorágine diaria de las ciudades modernas el deterioro trasciende los factores habituales, excediendo la contaminación, flujo de peatones, abultada cantidad de tránsito vehicular, modificaciones edilicias cercanas, cambios climáticos, el impacto de las múltiples actividades que se desarrollan en su proximidad, por lo que se ve amenazada su sustentabilidad, debiendo depender de políticas y planes de Conservación y Revitalización.

Actualmente este patrimonio esta atacado por la multiculturalidad y la pluriculturalidad, entre nuevos valores entramados en un campo de poder, al punto que el valor puede ser discutible pero el significado no.
Al ser el patrimonio urbano el desarrollo propio de una comunidad, manifiesta una memoria colectiva, constituye una historia fundamental para proyectar las metas del futuro.

Resulta fundamental para abordar la cuestión la concepción de nuevos enfoques de gestión, de replantearse el patrimonio y establecer una relación dinámica y activa con la historia que nos rodea.
El Director General del Casco Histórico de Buenos Aires, invita a pensar el patrimonio como una anomalía del capitalismo, ya que es una pieza/Espacio que no se actualizó en relación a la modernidad, y su carácter principal debe radicar en saber qué y para qué está ese patrimonio ahí, sin dejar de tener en cuenta la ampliación de derechos ciudadanos y el mantenimiento de la historia, de la identidad de los pueblos.
Teniendo en cuenta que el patrimonio arquitectónico y monumental de los espacios urbanos está constantemente habitado y transitado, es necesario volver sobre el cuestionamiento de “qué y para qué”.
El entorno urbano es percibido y valorado por las personas que lo habitan y usan, tiene un valor morfológico, antropológico, cultural, territorial, que supera la mirada meramente arquitectónica. Es decir que debemos abarcar el tema de una manera compleja, interdisciplinaria, y sobre todo estratégica.
Como dice en sus objetivos metodológicos la Carta de Washington (y sus antecedentes) es fundamental el rol que toman los actores que intervienen en el contexto inmediato de las zonas a conservar. Es la comunidad actual la que debe interpelarse ante el patrimonio, pero claro, primeramente debe reconocerlo como tal.
Es necesario que se conserve la arquitectura pero más importante aún es que se conserve el valor simbólico que genera el sentido de pertenencia, la identificación y legitimación del patrimonio en cuestión, porque solo así podrá mantenerse, mediante el compromiso y el respeto ciudadano que encuentran en él un arquetipo de su propia historia.
Por lo que podemos deducir que la cuestión de la conservación está estrechamente ligada a la educación. Inculcar valores identitarios de reconocimiento ante determinados símbolos (Edificios, barrios, ciudades) es prácticamente un legado socio-cultural que debe trabajarse desde la propia comunidad.
Aprender la historia de nuestro espacio implica también vivirla, habitar esos espacios, reconceptualizarlos, vincularse con lo histórico implica desnaturalizarlo, conocerlo y así entonces poder conservarlo desde la conciencia del relato que trasciende y atraviesa la vida de cada comunidad.
Es fundamental que el ciudadano se sienta identificado para sentirse comprometido y de esa manera convertirse en un actor activo para la conservación, restauración y la revitalización del patrimonio (tanto material como inmaterial) .
Esto debe motivarse, además de la educación, desde políticas gubernamentales, que generen espacios de participación ciudadana y, porque no, que puedan valerse de planes de gestión mixtos que incluyan el aporte económico de sectores privados, ya que el conjunto de arquitectura y monumentos históricos concentrados en un espacio conforman un recurso turístico.

Vivir, revitalizar, habitar un espacio histórico es parte de retomar la identidad, desarrollar cierta sensibilidad y reconocer el dato de historia y simbología. Por lo que tanto el ciudadano local como el turista deben tener un paso consciente, para que no deba convertirse en un espacio-museo, porque es ahí donde empieza a ser un objeto ajeno integrado a un circuito urbano, deben estar siempre incluidos en la concepción de ciudad que se habita cotidianamente.

Cuando en las III Jornadas de Desarrollo y Patrimonio se planteaban los casos de espacios urbanos históricos se lo hacía desde una “nueva” concepción del desarrollo, que implica un accionar sustentable y sostenido.
Las ciudades son el marco de todos estos patrimonios, y deben ser el hilo conductor de la historia de los centros urbanos en la edad contemporánea. Hay que tomarse el tiempo de hacer el ejercicio de redescubrir, retomar y encontrar los valores particulares de cada una.
Y estamos en un momento en que debemos encausar el rumbo de la superpoblación de los micro-centros que contienen cascos históricos. La sostenibilidad se logra con recursos sustentables, con la peatonalización y brindando las herramientas necesarias de seguridad e instrucción. Hay que analizar cuál es el punto medio de urbanización moderna por sobre el casco histórico teniendo en cuenta aristas como la abundante comunicación visual en la vía pública, el cableado, la luminaria, los vendedores ambulantes, la organización vial, la señalética, los colores de pintura de la fachada, para que pueda coexistir la identidad histórica y sus nuevas manifestaciones. Es importante que exista el diálogo entre la tradición y las nuevas formas.

La cuestión que debe vincular a la Gestión Cultural con el sector turístico necesariamente tiene que partir de bases sustentables, con transito moderado, para mantener la integridad pero a la vez pudiendo ser usado, compartido, vivido.
Trabajando sobre ejes de rescate de memoria, planificación urbana (modificación en altura de edificación y protección), educación patrimonial (en escuelas, concientización) y acciones de sensibilización (para el habitante y para el turista), acciones de comunicación para fomentar el conocimiento y la valorización, y la generación de un turismo local acorde para el mismo pueblo. Apoyado  en la legislación patrimonial, con mecanismos de financiamiento estatal y/o privado; y ocupándose desde unidades profesionales interdisciplinarias de trabajo.

Retomar la Carta de Washington es fundamental para el desarrollo urbano y turístico de una comunidad. Debe ser considerada la herramienta principal para guiar los lineamientos de planificación de las políticas culturales y acciones que interpelen a los espacios urbanos, sentando las bases de proyectos sustentables y sostenibles en el tiempo, es decir que no dependa de los gobiernos que ejerzan, y si estando en revisión según los cambios eventuales lo requieran.



viernes, 29 de abril de 2016

Reflexiones sobre Patrimonio y Desarrollo

En el siguiente ensayo se propone reflexionar acerca de las ideas de patrimonio y desarrollo. Como principal insumo y disparador se toman las 3° Jornadas Latinoamericanas de Patrimonio y Desarrollo que tuvieron lugar en la ciudad de La Plata entre los días 20 y 23 de Abril del 2016, propuestas por ICOMOS en trabajo compartido con la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Catolica de La Plata, CAPBAUNO Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires Distrito Uno y la UNESCO.


Para empezar cabe explicitar a qué referimos cuando hablamos de Patrimonio, para lo que es fundamental relacionar  conceptos como: pasado, identidad, testimonio, pertenencia, memoria colectiva, lo significante y lo simbólico. Es necesario entenderlo  como campo de poder y de disputa, como elección y decisión de un sector social para el resto – de la historia y del pueblo - .
El patrimonio puede ser natural o cultural. En caso del primero, desde hace poco,  se habla del desarrollo sostenible, ya que parte del pasado para planificar un mejor futuro;  y en caso del segundo puede ser  tangible o intangible y es particular de cada región.
El patrimonio cultural es un acuerdo social, un proyecto político, que incluye y excluye. Generalmente está inmerso en las ciudades, estas últimas entendidas como el artefacto cultural más importante de la producción humana, porque es donde definimos tiempo y espacio , que en forma de contexto, nos dan parámetros de análisis.

Ante la inmensa pregunta de qué es y qué no es patrimonio la infinita cantidad de respuestas serán siempre subjetivas.
El patrimonio es la identidad de la cultura. Entonces  cultura y patrimonio son conceptos que se definen entre sí.  Así es que cada país, región, pueblo, barrio, familias tendrán su propio patrimonio, y este irá adecuándose a los cambios sociopolíticos y culturales, es decir, que es dinámico y moldeable, nace y muere en relación a las necesidades de la sociedad a la que pertenezca.

Patrimonio es por ejemplo, un paisaje natural como las Cataratas del Iguazú, o una estatua que conmemora a un prócer, héroe de la historia nacional o rememora un acontecimiento, materializando el patrimonio intangible. Puede ser también un sitio histórico como el Cabildo, o una biblioteca y sus libros, y hasta un álbum de fotos familiares.

Para identificarnos con los diferentes tipos de patrimonio debe existir en nosotros una referencia histórica o sentimental.  Pero en las grandes ciudades puede ser que no existan esas referencias.
Vivimos en ciudades compactas, colapsadas. Los cascos históricos quedan sumergidos en mareas de gente y transporte. Ciudades departamentos, que a pesar de tener cada vez más gente lo que menos tiene es interacción con el vecino. El individuo se reconoce solitario, la sociedad fragmentada.  Se cumple un horario en la zona de trabajo y de inmediato se quiere huir.  Los centros se colapsan de productos y servicios que buscan atraer al lugar al que la mayoría repele.
Y en ese tránsito continuo y desgastante, no solo se desdibuja la forma del casco histórico y su esencia, sino también que se des-legitima, se naturaliza. Los edificios nuevos y los viejos terminan siendo parte del mismo paisaje, indistinto, tapado por publicidad.
Entonces la ciudad es una sumatoria de transeúntes y arquitectura, deja de ser una comunidad, porque pierde el rol del vecino, porque el beneficio de lo social se pierde entre el beneficio financiero que a su vez compite con el cultural y el ambiental.
En las 3°Jornadas Latinoamericanas de Patrimonio y Desarrollo que realizó ICOMOS en la ciudad de La Plata, se habló mucho de pensar al patrimonio en un conjunto de nociones que interpelen al desarrollo actual y lo orienten hacia cualidades sostenibles. Es tan evidente como urgente repensar los rumbos que eligieron los grandes capitales para superponerse en los diferentes mercados, que ante la ambición de desarrollo financiero avasallan todo tipo de patrimonio natural arruinando el medio ambiente con daños irreparables.
Esta cuestión fue muy recurrente entre los conferencistas invitados a abrir cada jornada pero resultaban mucho  más interesantes los abordajes del tema en las ponencias que sucedían en los talleres de las Jornadas, donde se contaban experiencias particulares de rescate, salvaguarda y uso del patrimonio, natural y cultural.
En la mayoría de los talleres los espacios o elementos considerados patrimonio eran parte de la comunidad, tenían que ver con su origen o dinámica, y , no casualmente, coincidía con la visión de Jordi Borja (invitado principal de las Jornadas) de reconocer y recuperar los espacios fabriles, el patrimonio del obrero, de la clase trabajadora.  Fue así, que hubo experiencias en relación a fábricas, estaciones de tren, barrios obreros, escuelas rurales, etc.
En estos trabajos el abordaje era teórico y práctico. Contaba con diferentes instancias – recopilación de testimonios, conocimiento de la historia, catalogación de bienes, problematización del caso, revalorización, convenios, concursos- Siempre trabajando desde y para la comunidad, poniendo en dialogo su identidad y legitimando su patrimonio desde la participación y la manifestación de necesidades que rescatan la memoria colectiva en busca de una solución a las problemáticas que afrontan, desde lo arquitectónico como es el mantenimiento o la reconstrucción, hasta el cuidado y uso adecuado de los bienes naturales.
Un caso que me pareció trascendental, desde lo personal y a modo de conclusión, fue el que expuso Jorge Tomasi, sobre Las prácticas en el patrimonio, Consideraciones sobre los saberes y las técnicas constructivas en tierra de La Puna Jujeña. Mediante fotos y testimonios orales de su experiencia en la Puna Jujeña, Tomasi, explicó en que constaba la construcción de una vivienda en esa zona. A modo de ritual, la casa hecha con materiales orgánicos, es construida por sus propios habitantes. El saber de la construcción es popular, forma parte de un legado cultural, asi como cosechar o cuidar a los animales. Es mucho más que aprender una técnica, porque tiene que ver con un todo que es su propia cultura. Una cultura que no disocia patrimonio tangible del intangible porque ambos son correlativos. El conocimiento se aplica en un tramado de significaciones donde nada queda librado al azar y responde a una lógica de procedimientos de saber ancestral que se adquieren por el tan solo hecho de ser parte de esa comunidad, que otorga esa particular cosmovisión.
Es así como, una vez finalizada, quienes la construyeron atan con cintas rojas un huevo que pende desde el techo, en el interior de la casa, y lanzan flechas con la intención de romperlo. Las flechas se van clavando en el techo. En este acto se mata a la casa. Al ser una vivienda construida con elementos orgánicos, vivos, la casa es un ente con vida y deben matarlo para que no perjudique a sus futuros habitantes.
Esta cosmovisión entiende lo natural y lo cultural, lo tangible y lo intangible, como partes de la misma cosa. Entiende que su hábitat es su casa pero antes el mundo. La tierra es su principal patrimonio, y viven en comunión con ella, respetándola, cuidándola y sobre todo habitándola. Existe el uso y el consumo, claramente, pero no el abuso ni el consumismo.

Esta ponencia me dejó sacando varias conclusiones. Lo primero que sentí fue admiración y a la vez extrañamiento. Esta cultura de la que charlamos es acá, en nuestro mismo suelo argentino y nos parece tan distante como desconocida. Porque es sumamente diferente a nuestros usos y costumbres.
 La concepción de la casa, del hogar, que es quizá uno de los primeros patrimonios que reconocemos como propios, en la Puna Jujeña es mucho más que un espacio habitable para comer, dormir y estar. Es vida, y muerte, y está hecha por ellos mismos. ¿Cuántos de nosotros levantamos con nuestras manos nuestras casas?¿Cuánto sabemos de nuestra propia cultura desde un lugar de hacer y enseñar a hacer?.

Por otro lado, pensaba en la sustentabilidad de esta cultura, que deviene de esta comunión del hombre y la naturaleza muy alejada de las sociedades globalizadas.
El continuo avance de la ciencia fue muchas veces contradiciendo y ninguneando a las culturas nativas y aborígenes. ¿Cuantas veces leímos en nombre del desarrollo que los subdesarrollados eran precarizados por no tener tecnología, edificios, saberes científicos, y cuántas fueron las veces que pudimos razonar que el desarrollo no debe ser avasallar ni idéntico en cada comunidad?.
Requiere el esfuerzo de aprender que cada cultura responde a ciertas necesidades y que no se pueden comparar esperando las mismas soluciones ante parecidos conflictos. Cada comunidad tiene su propio tiempo-espacio, su propio saber y por ende su propio patrimonio. No todo puede responder a la misma lógica aunque así lo crea el capitalismo.
Una contradicción poco reconocida por esos estudiosos  es que en nombre de la ciencia y el progreso destruyeron el medio ambiente y saberes populares originarios, destruyendo patrimonio tangible natural y cultural e intangible como es la sabiduría ancestral, son hoy los que retoman el cuidado y el respeto por el medio, promoviendo una relación armoniosa entre uso y salvaguarda. Como si se intentara reparar – o peor, olvidar- todos estos largos años de destrucción retornando a las ideas originales de conservación de los bienes para las generaciones venideras.
¿Acaso alguien tendrá el valor de revalorizar las culturas que tanto tiempo se negaron y excluyeron por precarias y subdesarrolladas? . Ojalá que sí, porque es necesario. A modo de intentar cicatrizar tantas heridas que les causamos a los pueblos aborígenes, legitimar su saber, considerarnos aprendices de sus legados, reencausar los objetivos sociales y coexistir desde el respeto al ambiente y al vecino. Por qué también, de estas comunidades, debemos reconocer el sentido de comunidad que imparte sentido de pertenencia, reconocimiento y respeto al vecino. Vinculo, dialogo, trabajo en grupo, común unión e intercambios.
Claro, que no debemos caer en idealizar a las comunidades aborígenes o las comunidades pasadas, no hay que teatralizar ni banalizar lo que fue o es esencial. Pero si es justo reflexionar que las grandes potencias hoy piensan en transformar – aunque sea una parte-  de sus lógicas financieras en relación a economías sustentables, siendo estas formas las primitivas que ellos mismos se encargaron de borrar por precarias e insuficientes.

Es innegable el paso del tiempo y el cambio en materia sociocultural, política y económica. Volviendo al eje de las ciudades dinámicas y la revitalización de los patrimonios edilicios, es a mi entender, fundamental que ante las modificaciones de adaptación necesarias que sufren y viven las culturas, la revisión del pasado nos hace comprender el presente con la ventaja de poder vislumbrar los caminos posibles para el desarrollo sustentable del futuro, y en estos pensamientos es necesario rescatar la esencia de cada cultura, para que se trabaje y se viva en una comunidad que defienda y construya desde y con la misma misión y los mismos objetivos. Por ello el análisis de los patrimonios es necesario abordarlo desde lo regional, abarcar comunidades con sus correspondientes territorios, problematizar y desnaturalizar los conflictos que allí existan y plantear soluciones adecuadas. La clave para mantener el patrimonio es, más allá reconocerlo, sentirlo propio y útil. La utilidad será lo que lo haga trascender sin desaparecer, y esa trayectoria implica transformaciones necesarias que respondan a la actualización en tanto que pueda seguir manteniendo su esencia y cumplir su función determinada.


Para terminar, comparto una cita del libro “aprender a fluir” de Mihaly Csikszentmihalyi , donde figura “como un supuesto básico la idea de que si deseamos entender que significa realmente hoy “vivir”, debemos escuchar voces del pasado e integrar sus mensajes en el conocimiento que la ciencia está acumulando lentamente. Que no existe esperanza en el pasado, no se puede encontrar una solución en el presente ni sería una solución mejor saltar a un futuro imaginario. El único camino para averiguar en qué consiste esta vida  es el intento paciente y lento de dar sentido a las realidades del pasado  y a las posibilidades del futuro tal como pueden entenderse en el presente.”



Pintura de Adela Casdo


"una puerta giratoria, no mas que eso, es la historia" Jorge Drexler.


Pintura de Theo van Doesburg

lunes, 11 de enero de 2016

Tradiciones históricas contra Costumbres modernas... ¿Lali en Jesús María?

El folklore es, desde su etimología, el saber y el conocimiento del pueblo, es la manifestación de la cultura en todas sus formas de expresión, arte, artesanía, comidas, mitos y leyendas, costumbres, tradiciones, la música y la danza.

Arraigado a las costumbres más tradicionalistas del folklore argentino, cada enero se celebra el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, que este año llega a su edición número 51.
Esta celebración tiene su origen en 1965, cuando un grupo de pueblerinos cordobeses crean la Sociedad de Cooperadoras Escolares de Jesús María y Colonia Caroya, con el fin de gestionar un evento que permita reunir fondos para la educación, teniendo como pilares la tradición, el amor a la tierra y la cultura popular se organizó desde aquel entonces hasta hoy el festival, claro que siempre creciendo y ampliando su grilla correspondiendo a la ampliación de su público. Es con lo recaudado en estas celebraciones como se realiza una constante e importante colaboración a las escuelas, aportando comidas, útiles, libros, material pedagógico, gabinetes informáticos, salones multiuso, gimnasios cubiertos, baños dignos, perímetros cercados, aulas para cada uno de sus grados con amplias paredes con revoques pintados, laboratorios de especialidades, bibliotecas, veredas de material y hasta agua corriente para una escuela rural.
Típicamente en este evento el escenario es lugar de música tradicional del folclore argentino, y acá empieza quizá a existir la polémica en cuestión.
Si definimos folclore como el saber y hacer del pueblo, es decir, su cultura, ¿con qué criterio decimos qué es folclore y qué no? . Lo sencillo en este caso es que el festival es de Doma y Folclore, y eso ya nos enmarca en tradiciones que tienen que ver con un seno argentino de relación con el campo, con los animales, con el coraje del gaucho. Implica conocer acerca de las jineteadas, que en el caso del Jesús María se da en tres diferentes instancias según las condiciones que tenga el jinete, los elementos que puede usar y como se presente el bagual (caballo sin domar), que varían en Crina limpia, Grupo sureña y Bastos con encimera sin boleadoras.
La jineteada mantiene vigente el homenaje a una cultura viva en el interior del país, es parte de la conservación del patrimonio intangible, porque colabora con la perduración de eso  tan típico que a la vez es tan lejano para los que no vivimos en el campo, y ese cúmulo de tradiciones que son la fiel identidad del paisano y del paisaje y tienen relación con lo que comúnmente denominamos folclore, evocando a chacareras, zambas, chamamé, carnavalitos, pericón, vidalas, chayas, gatos o cuecas. Cada uno con sus ritmos e instrumentos propios, característicos de cada región. Sin embargo, todas ellas fueron permeables a las influencias de regiones vecinas o de países limítrofes.
¿Pero eso solo es folclore?  el tango, la cumbia, el rock nacional, el cuarteto, y otros ritmos, ¿no lo son también?
Lo que sucede es que para hablar de la historia del folklore argentino se parte de tres hitos la colonización española y la inmigración africana forzada por el tráfico de esclavos durante la dominación española (siglos XVI-XVIII); y las olas de inmigrantes, primero la  europeos (1880-1940) y  la gran migración interna (1930-1980). Siendo esta manera una manera hibrida de conformar el Estado Nación, que arroja resultados híbridos y particulares en la creación de la cultura argentina.
Lo que se reconoce históricamente como folclore son esos (primeros) estilos de música, asociados con letras a los paisajes rurales, a la cotidianeidad de la vida en el campo, al trabajo con los animales y la tierra. De hecho es común encontrar en las payadas o en las milongas camperas referencias a los caballos, a la flora o la fauna del lugar. Lo importante para destacar como característica de todos estos géneros tradicionales es que transmiten lo local de una manera muy personal, arraigada a la forma de vida y sobre todo a la historia que forja la cultura.

En el Festival de Doma y Folclore de Jesús María, los artistas que suelen frecuentar el escenario son los que cumplen con esa condición, como por ejemplo Los Cuatro de Córdoba, Duo Coplanacu, Los Tekis, El Chaqueño, La Sole, Los Yupanquis, Pastor Luna, Los Manseros Santiagueños, Los Nocheros, Los Alonsitos, Jorge Rojas, y figuras reconocidas en el ambiente.

Es válida la pregunta sobre el nacionalismo o el tradicionalismo acerca de estos shows, ante  la tendencia a valorar la tradición en cuanto conjunto de normas y costumbres heredadas del pasado, por el simple de hecho de mantenerlas para que perduren inamovibles en el tiempo, a la vez que cabe reconocer la perdurabilidad de las costumbres, trascendiendo como legado y conformando el patrimonio cultural nacional.

Este año, la organización del festival decidió cerrar el evento con la presencia de la artista pop Lali Espósito, y fue un claro punto de discusión.
¿es Lali Espósito representante del folclore argentino? Sí. Porque mueve muchísima cantidad de gente, llena teatros con su obra (adaptación de la telenovela que protagoniza en la tv) y también llena teatros con su música popera de bajo contenido. Es una artista masiva, aunque no popular, porque el público que la sigue es mayoritariamente adolescente de los que suelen relacionarse con modas y no con referentes
Pero… ¿es Lali Espósito representante del folclore tradicional argentino? No. ¿Tiene relación alguna su música con las domas? No. Y por eso su presencia en un festival que desde que empezó hasta este año mantuvo una línea de ética y estética (ligada a las tradiciones camperas que nombraba antes), llama la atención y despierta duras críticas.
Por qué entonces el festival se volvió vulnerable ante la oportunidad de contratar un artista del momento que asegura llevar miles de espectadores. Se ve muy claro el negocio. Aunque tampoco debemos caer en la ingenuidad y pensar que solo porque esta vez la polémica es con una artista de otro género no hubo intereses económicos de fondo, con tan solo pensar en el caché de cada artista. Pero claro, no olvidemos que el fin del evento es solidario.
Entonces ¿qué vale más? Por un lado mantener una tradición cultural, brindando un evento para visibilizar y celebrar la cultura esencialmente criolla, respetando las costumbres y manteniendo una línea, que sobre todo marca también la identidad del espectáculo, y por otro lado pensar en que artista convoca más público y contratarlo para aumentar el público, por más que eso implique ampliar los horizontes del festival y crear una masa espectadora tan amplia como hibrida.

Varios medios de comunicación levantaron la noticia con cierto tono de agresión a Lali Espósito desde el público que frecuenta el festival, proclamándose en su contra.
En las redes sociales se compartieron imágenes en contra de la presencia de esta artista,  y trascendía como un simple rechazo generalizado.
El grupo Folclore Nomás, pudo expresar claramente la postura que se toma, dando explicaciones suficientes
 No estamos en contra de Lali (género musical: pop) sino de que no es coherente su presencia en un Festival tradicional de "DOMA Y FOLCLORE" en el cual se debería priorizar el fomento de nuestra música autóctona ante los más jóvenes.
- El Festival termina el día lunes 18 como dice la grilla de programación y por eso se "vende" el Festival con los artistas hasta ese día, No existe un Festival hasta el domingo y el lunes empieza otro, como algunos ilógicamente suponen. Si antes se presentaban conjuntos de cuarteto en la última noche es aceptable porque son parte de la cultura cordobesa, tierra donde se hace el festival.
- Si la presencia de Lali, Marama y demás el día lunes 18 esta pensado como una noche extra con fines benéficos, lo cual apoyamos y destacamos enormemente, también se puede hacer dicha noche con artistas del género folclore que convoquen o hacer un evento posterior con otro nombre pero no dentro del Festival de DOMA Y FOLCLORE, vamos de nuevo FOL CLO RE” (cita textual de un comunicado de Facebook)

Dejando en evidencia que se intenta defender un show cultural por encima de mercado de las industrias culturales, y este el segundo punto de inflexión en el tema.
Primero entender que es el folclore tradicional y por qué afecta la presencia de artistas como Lali o la banda de cumbia-pop uruguaya Marama (convocada para el mismo día),y el segundo es tratar de visualizar donde un espacio cultural popular se convierte en un mercado cultural que comienza a guiarse por la rentabilidad por sobre la identidad del producto. De manera que una festividad con gran convocatoria e identidad afirmada en un pueblo pierde su estable vínculo por intentar captar otros/nuevos públicos bajo un solo lema de oferta-demanda guiado por industrias culturales que lejos están de mantener vivas las esenciales tradiciones argentinas.

La diferencia entre cultura de masas y cultura popular, es que la primera está signada por un mercado capitalista cambiante y cosmopolita, que pierde identidad local para ganar un insulso sentido de pertenencia global en contraposición con la cultura popular que es la manifestación de un pueblo que expresa desde su espacio su cosmovisión y sus costumbres.
Sin ánimos de criticar negativamente el producto en fin que es Lali Espósito, la identifico con una cultura de masas, que no profundiza en un mensaje natural, que se vende por las pantallas y que nada tiene que ver con un festival de Doma (tampoco quiero hacer un juicio sobre las domas mismas), todo tendrá su razón de ser y su lugar, la cuestión es hasta donde se puede querer “innovar” en un espacio que hace 51 años responde a una misma lógica, la cual este año vuelve a mantener hasta el último día en que deciden coronan la festividad un género atípico en este particular escenario.

Sin duda es un tema que permite tantas lecturas como interpretaciones, aunque la que más ruido hace sea la de ver como cada espacio, por más que intente ser tradicionalista, se quiebra ante nuevos consumos de masa o por la simple e inminente lógica económica. Sobre todo si pensamos que en el 2000 quien cerraba semejante show era nada menos que Mercedes Sosa… cabe en cada uno pensar cómo se llegó a contratar para lo mismo a Lali.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La moda de la "otra cultura"

Pensando sobre el consumo de indumentaria y accesorios, me llamó la atención una tendencia, que si bien está desde hace rato ahora parece acentuarse más: “el gusto por la otra cultura”, consumir lo “otro” para tener algo “único”, como si la innovación sería simplemente buscar lo diferente y en ello caer en lo ajeno.


Hace un tiempo trascendió por varios medios y sobre todo por Facebook la noticia de que una diseñadora francesa había plagiado y patentado como propios, los diseños textiles de una comunidad aborigen.
Hoy investigué un poco del caso.

Resulta que Isabel Marant se vió tan atraída por el diseño de una comunidad mexicana que lo imitó en su totalidad en su colección de primavera-verano Étoile (“estrella”).
El plagio fue del bordado particular que tienen las blusas de las mujeres de la comunidad Mixe de Santa María Tlahuitoltepec. Y fueron integrantes de la misma quienes realizaron la denuncia, lo que causó que claramente se saque de la venta el producto hasta resolver el caso.
Como detalle: la francesa las vendía mucho más caro que lo que costaban las originales. La gente la pagaba igual, quizá por desconocimiento o quizá por el valor agregado de la vidriera, la etiqueta, y la connotación de la moda en opuesto al valor simbólico, identitario y cultural propio del origen de la prenda.





El actual presidente de Tlahuitoltepec, Erasmo Hernández González, explicó tras la denuncia realizada que la comunidad tiene su propio tiempo y espacio, las figuras apropiadas por la diseñadora – en un acto de apropiación del patrimonio cultural ajeno- son un forma particular que tienen ellos de comunicarse con el mundo, desde lo más profundo de sus creencias y su identidad colectiva.
Lo más irónico es que la comunidad, supuestamente, se enteró del plagio por una carta documento que les llegó exigiendo regalías por usar sus propias prendas patentadas por una extraña, y lo insólito es que esta diseñadora no es la primera vez que tiene problemas de este tipo. Tampoco es la primera vez que un diseñador de moda se apropia de la simbología, estética o diseño de una comunidad aborigen.
Y aunque pueda llegar a empezar un debate es muy clara la diferencia entre inspirarse y plagiar, sobre todo si se habla de respeto.
Pero en la vida consumista de los diseñadores de moda, aparentemente (valga la redundancia) todo vale para vender.

Hay un concepto de moda “hippie chic” que, sobre todo en la época primavera-verano se hace presente en las pasarelas, en los looks de las celebridades y llega a los locales de ropa de las grandes ciudades. Este estilo busca asemejarse a la onda de los años 60 y principios de los 70,  intentando representar un look bohemio y femenino. Flecos, bordados, túnicas, accesorios con flores, el pelo largo, las trenzas, pantalones Oxford, vestidos y faldas largas, carteras de cuero, mochilas con telas de aguayo, son algunas de las prendas que recupera esta tendencia, que lejos está del “amor y paz” que enarbolaba esa época y se guía solo por las modas del consumismo. Y este estilo ahora se inclina más por las piezas artesanales de origen aborigen, la estética nativa atrae, y los bordados, los tejidos y las telas típicas de las pequeñas y olvidadas comunidades cobran un valor más allá de lo simbólico. Lo que socialmente quedaba marginado se integra en una ola de consumo que marca tendencia.

estilo HippieChic





Por Instagram llegué a conocer lo que primero pensé que era una marca y resultó ser una empresa. Hiptípico, es un emprendimiento de un grupo de mujeres europeas, encabezado por Alyssa McGarry, quien estudió Desarrollo Económico y tras haber recorrido varios países, eligió Guatemala para desarrollar su proyecto.

La idea de Hiptipico es introducir los productos de los artesanos locales al mercado global, de manera de poder ampliar sus ingresos y formar cooperativas de empleo permanente.
Desde su página web explican “Hiptipico se esfuerza por encontrar los artículos más de alta calidad y ofrecer a un precio razonable para el consumidor al tiempo que proporciona un ingreso estable para las empresas locales y sus familias. Trabajando directamente con múltiples proveedores, cooperativas, y las familias en Guatemala, cultivando relaciones y proporcionando ingresos adicionales a la economía local. La marca fomenta un ambiente para los consumidores socialmente responsables que buscan una alternativa a los diseños producidos en masa y copiados. Cada elemento Hiptipico es 100 % auténtico y es producido éticamente”.
También aclaran como se realiza la compra del producto y sus respectivas ganancias. “Hiptipico trabaja con ciertos artesanos de alta necesidad que reciben el 100% de las ganancias de sus artículos hechos a mano”, y garantizan puestos de trabajo al contratar empleados mayas locales para ayudar con las operaciones diarias y contrata modelos mayas locales para campañas de marketing.


algunos productos que comercializa Hiptipico


Los artesanos de los pueblos nativos mantienen sus creencias, su cultura y su cosmovisión, cada labor es una herencia, en cada artesanía, en cada obra de arte y en cada manifestación cultural se expresa su patrimonio y su identidad. A la vez que las artesanías son una fuente de ingreso económico, sobre todo para cuando son visitados por turistas.
La oportunidad de un futuro próspero con ganancias incrementadas ampliamente es tentadora, pero en cierto punto dejan de ser artesanos nativos para ser costureros en serie, para caer en la lógica de producir lo que se vende, al ritmo que exige el consumo. El consumo de estas piezas esta guiado por una página de internet que maneja una europea y hace llegar el bien cultural – convertido en mero objeto de consumo- a cualquier persona que lo haya comprado online.

Me pregunto, si más allá de la moda que da lugar a esta estética tan particular, los compradores se enterarán qué significado tiene esa guarda, ese bordado, esos colores. En la página te cuentan brevemente a que se dedica cada artesana o familia que contribuye al negocio, aunque no se muestra la mejora en las mismas por participar del proyecto.
Lo bueno de Hiptípico es que reconoce el trabajo artesanal y que genera ingresos para los trabajadores, pero ¿no se corrompe la cultura artesanal exponiéndola a las reglas del mercado global? Lo esencial de un producto cultural –comprado directamente y en el lugar del artesano- es el valor agregado que se adjudica por su particularidad, simbología, confección y autenticidad, y esto mismo ¿no se pierde en cuanto es parte de un consumo tendencial? No es válido que lo comercialice alguien ajeno a la cultura, pero ¿es aceptado cuando los artesanos están de acuerdo en su comercialización masiva? ¿Es una cuestión de quién se queda con las ganancias nada más?

Todo merece una profunda reflexión, en la que caben las subjetividades y el análisis particular de cada caso, hasta en lo que parece más superficial como la moda, y al fin de cuentas ¿Cuánto sabemos realmente del origen y sentido de los productos que consumimos?



martes, 1 de diciembre de 2015

Patrimonio Fileteado



 Arte, carteles, Buenos Aires, Porteño, Tango, La Boca, Caminito, San Telmo, estilo…
estas podrían ser las  primeras palabras que se nos vienen a la mente cuando pensamos en el Fileteado.
Esta técnica que nació en Buenos Aires a fines del siglo XIX, consecuencia de la cantidad de inmigrantes, empezó siendo una manera de identificar a los carros de mercadería que trabajaban en la zona portuaria y luego se aplicó en los colectivos.
Hasta que una ordenanza prohíbe el fileteado en el transporte público porque era causa de que no se identificara fácilmente la línea (de recorrido) que correspondía.
Si bien dejó de ser habitual, siempre estuvo: en carteles de bares, en artesanías de las ferias, siempre identificado con los barrios porteños, con el tango y los bares.





En el último tiempo los artistas volvieron a darle protagonismo,  aplicado a nuevos objetos y formas.
La revitalización, que también se debe a la captación de turistas, es un puntapié para la identidad porteña, que entre cada vez más cemento y gente vuelve a sus raíces, coloridas y ornamentadas, como queriendo manifestar que sigue vigente la cultura esencial.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el 30 , de Noviembre del 2015, declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al fileteado, que se suma así –con el mismo nombramiento- al tango, volviendo a ser una dupla inseparable de identificación porteña.Este nombramiento equivale a reconocer un pedacito de la cultura argentina en cualquier parte del mundo, haciendo del fileteado un arte de la humanidad que lleva nuestra impronta.

Lo que corresponde a semejante honor es tal responsabilidad, que más alla de implicar respeto y reconocimiento, hay que trabajar en pos a salvaguardarlo (y seguir aplicándolo), proteger el arte y por supuesto a los artistas, que sin ellos no podría trascender esta tradición que hoy también es orgullo argentino internacional.